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VII PREMIO INTERNACIONAL DE RELATOS DE MUJERES VIAJERAS 2015

Amigos lectores,

he decidido inaugurar esta sección de “Memorias de Familia”, con este relato que me salió del corazón, basado en hechos reales de mi vida y que presenté en el VII Premio Internacional de Relatos de Mujeres Viajeras 2015, dónde además ¡Quedé como finalista!

¡Deseo de corazón que lo disfrutéis!

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Sampán

TORTILLA A CAMBIO DE MANÍ

Si a cualquiera de los cocineros con estrellas de hoy, hubiesen visto con que fruición se comía un trocito de tortilla de patata cocinada por Lynda, la Filipina que trabajaba en aquel entonces en el Consulado de España en Hong-Kong, la habrían elevado a la categoría de alimento salvavidas.

Esto sucedió por el año 1973 en el Mar de China. En la frontera de aguas jurisdiccionales entre territorio de la Corona Británica y la China Comunista de Mao Zedong.

Yo tenía 15 años y recuerdo muy bien como ocurrió todo. Fue en una de esas tantas veces que salíamos la familia con el barco a navegar, pero esta vez decidimos adentrarnos unos días, buscando nuevos paisajes, en el Mar de China con unos amigos, el Cónsul General de Sudáfrica y su familia, que tenían un Sampán precioso y muy confortable, lógicamente con bandera de su país. Estar dentro de uno de estos barcos te trasladaba a las épocas de Gengis Kan y Kublai Kan en la conquista de Japón.

Salimos del puerto de Aberdeen, donde teníamos atracado el barco. Era un puerto muy pintoresco, lleno de Sampanes amarrados unos con otros formando una verdadera ciudad flotante. Siempre nos recogía una barquichuela con la misma señora vestida con pantalón, camisa y sombrero “Nón lá” (sombrero de paja en forma cónica tradicional). SAMPAN 3Seguramente era Vietnamita, de los que habían emigrado en la década de los setenta a Hong Kong, creando una nueva colonia de viviendas-barco. Nuestro barco, el Alborán, con bandera Española era una lancha con camarote de unos 10 metros de eslora, pero el Sampán ya eran palabras mayores. Mediría tres veces mas que el nuestro, pero sobre todo su anchura y altura eran imponentes.

A tan solo 182 km, unas 113 millas náuticas, se encontraban la isla de Hong Kong y la frontera de China Comunista.

El paisaje era de cuento. El agua cristalina de colores. Unas veces rosa y otras azules o amarillas por la cantidad de medusas transparentes que parecían farolillos flotando en el mar. Todo salpicado de pequeños islotes de piedra afilada y puntiaguda. Solo mirando al horizonte volvíamos a la realidad. Una inmensa cadena de montañas nos observaba día y noche…..algo inquietante se respiraba cuando desfilaban por ellas en perfecta formación, como si de una comunidad de hormigas se tratara, soldados con fusil al hombro y uniformados como soldaditos de Mao Zedong. Su misión era clara. Impedir la fuga de compatriotas que con enorme valentía se jugaban la vida cruzando a nado entre tiburones hasta alcanzar alguna roca que perteneciese al glorioso Gobierno Británico de su Majestad y así reunirse, en muchos casos con los suyos en Hong Kong, en busca de la libertad y una mejor vida.

Una mañana, tempranito, después de desayunar como unos reyes en el magnifico Sampán de los amigos, decidimos darnos una vuelta en nuestro pequeña Alborán y curiosear entre islotes lo mas cerca de las aguas jurisdiccionales de la China Comunista. sampanAhí subimos todos. Las mujeres guapas, delgadas, altas, rubias con sus mejores bikinis y pareos de colores y los hombres, también altos, musculosos, blancos, con pelo en pecho y alguno con barba, desnudos de medio cuerpo con bañadores de colores y sombreros de capitán de barco. Los pequeños se quedaron en el sampán y yo me sume a la aventura, como no podía ser de otra manera. Cargamos bien de agua, cervezas, refrescos, frutas y todo lo necesario para un picnic marítimo perfecto y tomamos rumbo a lo desconocido.

foto mar de China
Mar de China

Ahí estaba……….ahí estaba el protagonista de mi relato. Serian las doce del medio día. El sol ya apretaba y no dejábamos de darnos aceites y cremas para protegernos del sol abrasador. A mi me gustaba mucho ponerme en la proa del barco tendida al sol y salpicada por el mar cuando saltábamos las olas. Lo que nunca pude imaginar, ¡Es que me iba a encontrar con un naufrago!!!! De película pero era real. Di la voz de alarma y con cuidado de no darnos con las rocas, vimos a un hombre, naturalmente chino, abrazado a una pequeña roca tiritando de frío y de miedo. Estaba vendido a su suerte. O era visto por la guardia marítima Británica o devorado por alguno de los tantos de miles de tiburones que abundan en esas aguas.

Pongámonos en situación. El pobre chinito, Dios sabe cuanto tiempo llevaba agarrado a ese peñusco. Vestido con el típico traje de chaquetilla cuello Mao y pantalón azul que en esa época vestían todos los chinos en la China de Mao. Un hombre que hasta ese momento no había conocido otra cosa que a sus propios congéneres y de repente se ve rodeado por una moderna embarcación con motores que rugen como dragones y varios pares de ojos azules que le miran fijamente como si de extraterrestres se tratara. Mujeres y hombres desnudos, altos, blancos, peludos y corpulentos que le hablaban en un idioma que no entendía pero que le tendían una mano para salir de ese infierno. No lo dudó y se abrazo al flotador para ser izado a bordo del Alborán. Enseguida le cubrimos con toallas para secarle y con cara de agradecimiento se saco del bolsillo un puñado de cacahuetes, de maní mojado con el que había estado subsistiendo. Las mujeres enseguida entendieron que estaba muerto de hambre. ¡Pero ahí estaba la rica tortilla de patatas de Lynda, la cocinera Filipina de casa, para alimentar a ese pobre naufrago!!! Nunca había comido nada igual, pero no lo dudó. La cogió con sus dos manos y empezó a comérsela con gran ansiedad. Supongo que pensó, tortilla a cambio de Maní.tortilla-de-patata-cebolla-caramelizada

¿Que como acabo el cuento? Pues con buen criterio, no se podía quedar en ninguno de nuestros barcos, ya que podía provocar un serio conflicto diplomático. En el Alborán se encontraba en territorio Español y en el sampán en territorio Sudafricano, así que tras localizar por radio a la guardia costera Británica, lo pusimos a salvo para que se reencontrara en Hong Kong con sus seres queridos.

Autora: Toya de la Guardia Cassinello

Editorial Casiopea

FINALISTA EN EL VII PREMIO INTERNACIONAL DE RELATOS DE MUJERES VIAJERAS 2015

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