En pleno corazón de La Mancha, entre dos joyas naturales como Las Tablas de Daimiel y las Lagunas de Ruidera, y sobre el mítico Acuífero 23, se alza una finca que no solo respira vino, sino historia, paisaje y carácter. Bienvenidos a Hacienda Albae, un rincón vinícola con acento manchego y vocación internacional, ubicado en Argamasilla de Alba, Ciudad Real, tierra de molinos, literatura… y ahora también de vinos monovarietales con alma.
Esta bodega, nacida a finales de los años 80 del sueño del empresario Juan Antonio Carpintero, presidente del Grupo Ortiz, ha sabido encontrar su sitio entre los grandes nombres del vino español, apostando por una identidad propia: vinos 100% monovarietales que hablan con voz clara y sin mezclas. Aquí no hay coupages donde esconderse: Chardonnay, Viognier, Malbec, Syrah, Merlot, Cabernet Sauvignon y Tempranillo se presentan tal y como son, desnudos y orgullosos, gracias a una filosofía enológica que prima la autenticidad por encima de todo.
Viñedos con microclima propio
Con 700 hectáreas de terreno, 210 dedicadas al viñedo con una media de 30 años de antigüedad, esta finca disfruta de una ubicación privilegiada. El suelo franco-arenoso y calizo, y un sorprendente microclima húmedo con notables variaciones térmicas, dan lugar a vinos con personalidad, alejados de los tópicos que se suelen asociar a la llanura manchega.
Todo el proceso de elaboración se puede seguir casi como una clase magistral sobre el terreno. Desde la preparación del suelo hasta la recolección, aquí cada decisión se toma con mimo y precisión. ¿La vendimia? Mecánica y nocturna. Así se evita el calor abrasador del día y se garantiza que la uva llegue fresca a la bodega. Las fincas están cercanas entre sí, como un Domaine francés, lo que permite tratar la uva con la delicadeza que merece.
Un equipo con pasión y precisión
Durante una reciente visita organizada por la Asociación Española de Periodistas y Escritores del Vino (AEPEV), tuvimos el privilegio de recorrer esta finca de la mano de Adrián de Pablo, enólogo y gerente desde 2017. Con más de veinte vendimias a sus espaldas, Adrián no solo dirige la parte técnica, sino que contagia su pasión en cada explicación. Su filosofía es clara: vinos pensados para seguir bebiendo, disfrutables por un público amplio y variado, y siempre adaptados a los mercados internacionales donde Hacienda Albae exporta buena parte de su producción.
Aunque la bodega tiene capacidad para elaborar hasta 2 millones de litros, solo produce medio millón, lo que permite una selección minuciosa de las mejores parcelas y mantener un 25% de producción como margen estratégico. La mayoría de sus vinos se comercializan como monovarietales, combinando diferentes momentos de vendimia y tipos de barrica, francesa, americana o rumana, priorizando el carácter varietal mediante el uso de maderas envinadas.
Del viñedo a la copa, sin secretos
Durante la visita, tuvimos la oportunidad de catar los vinos directamente del depósito y la barrica, captando sus matices en distintas fases de evolución. El Malbec, por ejemplo, se ha convertido en una de las estrellas inesperadas del catálogo, en versiones tanto rosadas como tintas, adaptándose sorprendentemente bien al terruño manchego.
La experiencia culminó en una comida de hermandad, donde degustamos una cuidada selección de etiquetas: Viognier, Chardonnay, Malbec, Syrah, Tempranillo y Cabernet Sauvignon. Además, en la sacristía de la bodega pudimos apreciar cómo han evolucionado sus vinos especiales a lo largo de los años.
Mucho más que una bodega
Pero Hacienda Albae no se limita a producir vino. En Hacienda Albae son conscientes de que la labor de divulgación y promoción de su trabajo es fundamental para la comarca. Por ello, además de la bodega, cuentan con un hotel de 15 habitaciones y un restaurante, que abre los fines de semana para eventos de empresa o para cualquier aficionado que quiera vivir más de cerca la experiencia de del vino castellanomanchego. Y de paso conocer las maravillas naturales de la provincia.
El proyecto se ha consolidado como un destino de enoturismo completo, que invita a vivir el vino desde dentro. La bodega cuenta con un hotel de 15 habitaciones y un restaurante que abre los fines de semana, ideal para escapadas, eventos de empresa o simplemente para quienes quieran empaparse del alma vitivinícola de La Mancha.
Incluso tienen un jardín de variedades, donde los visitantes pueden ver, tocar y aprender las diferencias entre cepas, pámpanos, racimos y formas de crecimiento. Una propuesta pedagógica y sensorial que transforma cualquier paseo entre vides en una experiencia inolvidable.
Una escapada redonda
Esta ruta combina paisajes únicos, historia viva y cultura rural. Puedes hacerla en un fin de semana largo o dividirla en varias escapadas. En cualquier caso, prepárate para disfrutar con todos los sentidos: agua, piedra, viento y vino te esperan en el corazón más auténtico de La Mancha.
🌿 Ruta por el alma de La Mancha: naturaleza, historia y aventura en Ciudad Real
La Mancha no solo huele a vino y literatura. También suena a agua, a viento y a leyenda. Esta ruta por el corazón de Ciudad Real te lleva por paisajes únicos, fortalezas históricas y pueblos con molinos que parecen sacados de un sueño. Ideal para escapadas de fin de semana o para perderse sin prisa. Aquí te lo contamos todo.
🌊 1. Las Lagunas de Ruidera: el Caribe manchego existe
📍 Entre Ossa de Montiel y Ruidera
Una de las joyas naturales más sorprendentes de Castilla-La Mancha. Las Lagunas de Ruidera forman un rosario de 15 lagunas conectadas por saltos de agua y cascadas que parecen pintadas. El color turquesa de sus aguas en primavera y verano no tiene nada que envidiar al Mediterráneo.
¿Qué hacer?
- Paseos tranquilos por senderos señalizados.
- Kayak, snorkel o buceo en agua dulce.
- Rutas 4×4 y senderismo por los alrededores.
- Picnic con vistas (¡pero no olvides recogerlo todo!).
Tip viajero
Llega pronto si vas en verano: es un destino muy popular y los mejores rincones se llenan rápido.
🏰 2. Castillo de Peñarroya: historia sobre el Guadiana
📍 A 12 km de Argamasilla de Alba
Colgado sobre un acantilado con vistas al embalse de Peñarroya, este castillo medieval fue primero musulmán y luego conquistado por las Órdenes de Santiago y San Juan. Hoy se conservan los restos de sus murallas y una ermita dedicada a la Virgen de Peñarroya, patrona local.
No te lo pierdas:
- El contraste entre la piedra del castillo y el azul del embalse.
- Las vistas al atardecer.
- Un paseo hasta el embalse, punto de partida natural hacia las Lagunas de Ruidera.
Ideal para:
Amantes de la historia, la arquitectura militar… o quienes simplemente buscan una buena foto.
🌾 3. Campo de Criptana: tierra de gigantes
📍 Entre Alcázar de San Juan y El Toboso
Aquí los molinos no son cuento. Son reales, enormes y fotogénicos. Campo de Criptana conserva una de las mayores concentraciones de molinos históricos de toda La Mancha, y algunos de ellos aún giran al viento como en tiempos del Quijote.
Un poco de historia:
- En 1097, el rey moro de Denia se refugió en su castillo tras derrotar a Alfonso VI.
- En 1212 pasó a manos cristianas tras la famosa batalla de las Navas de Tolosa.
- El pueblo actual surge de la unión de tres aldeas: Criptana, El Campo y Villajos.
Experiencia recomendada:
Sube al Cerro de la Paz y visita uno de los molinos por dentro. Algunos recrean la molienda tradicional y tienen centros de interpretación.
🦆 4. Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel:
📍 A 10 km de Daimiel
Uno de los humedales más importantes de Europa y el único parque nacional de la provincia. Las Tablas de Daimiel son un oasis para aves acuáticas, nutrias, juncos y turistas que buscan desconectar y reconectar con la naturaleza.
La mejor forma de conocerlo:
- Rutas guiadas con intérpretes ambientales (¡muy recomendadas!).
- Observatorios de aves para disfrutar sin molestar.
- Paseos tranquilos por pasarelas de madera, ideales para todas las edades.
Recomendación:
Lleva prismáticos. Verás garzas, ánades, zampullines y, con suerte, alguna rapaz.
El vino como embajador de La Mancha
Hacienda Albae es, en definitiva, mucho más que una bodega. Es un homenaje a la tierra, un guiño a la tradición desde la modernidad, y una apuesta por la calidad sin prisas. Aquí, cada botella cuenta una historia de raíces profundas y horizontes amplios. Y en cada copa, se puede saborear el alma de esta Mancha líquida que, entre humedales, calor y brisas nocturnas, ha encontrado su mejor expresión.


