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UN COCIDO EN LAS NUBES

Hay viajes que se hacen con la cabeza, y otros, con el estómago. Este pertenece sin duda a la segunda categoría. Porque levantarse temprano para cruzar Asturias entera con un único objetivo, comer un cocido madrileño en la cima de una montaña, podría parecer una locura… hasta que uno llega a Leitariegos y lo prueba.

El camino hasta el Restaurante Leitariegos, enclavado en pleno Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias, es una delicia para el viajero. La carretera serpentea entre montañas de tonos ocres y verdes intensos, mientras los viejos pueblos mineros asoman entre el humo de las chimeneas y las vacas pastan con la calma que da vivir al margen del tiempo. El otoño aquí es un espectáculo y la promesa de un buen cocido, un faro irresistible.

La alta cocina de cuchara

Dentro, el restaurante rezuma calidez de hogar y el olor a guiso lento lo inunda todo. En este escenario, la familia Cosmen inaugura las V Jornadas del Cocido Madrileño, un homenaje al recetario más castizo llevado a la altura, literal y figurada, de los 1.500 metros del puerto de Leitariegos.

Al frente, el maestro Antonio Cosmen, el mismo que convirtió su Cruz Blanca de Vallecas en templo del cocido y que hoy regresa a sus raíces asturianas con la humildad de quien sabe que la tradición no pasa de moda. Su nombre suena con respeto entre los fogones de media España: “Premio Alimentos de España”, “Cruz de la Orden del Dos de Mayo” … pero más allá de las distinciones, su legado está en el sabor. En ese cocido que, dicen, no tiene rival.

Pero ¿qué hace tan especial a este cocido para justificar un viaje hasta la cima de Asturias? La respuesta está en la filosofía de la casa: la mejor materia prima y un proceso de cocinado meticuloso y, sobre todo, hecho con cariño.

El plato que se sirve en Leitariegos no es simplemente un cocido, es un manifiesto de la cocina tradicional elevado a la perfección por Antonio Cosmen.

El menú arranca con el primer vuelco, una sopa de fideos dorada y espesa, con cuerpo, de esas que reconfortan hasta el alma. En boca, la profundidad del caldo se nota al instante: limpio, potente, sin grasa, destilado de horas de cocción paciente y cariño de madre. Acompañado de piparras y cebolleta cortada en tiras.

Luego llegan los garbanzos de La Moraña, cremosos, delicados, que se deshacen como mantequilla. Son los auténticos protagonistas del plato, junto a un compango de primera, chorizo, morcilla, panceta y huesos con tuétano, que trae consigo la rotundidad del producto local asturiano. A su lado, las carnes tiernas de pollo y morcillo hablan de tradición y respeto por el oficio. Y las verduras, con su repollo aún crujiente y sus zanahorias dulces, cierran el conjunto con un toque fresco y ligero, como una caricia vegetal tras el fuego. Y como no podía faltar, la salsa de tomate y comino que le da ese sabor tan castizo.

 

El detalle que lo eleva a la categoría de rito gastronómico es el agua. Aquí todo se cocina con agua micro filtrada de los manantiales de Leitariegos, pura y cristalina. Puede parecer un capricho técnico, pero basta una cucharada para notar que no lo es: el sabor brilla, los ingredientes respiran, la tradición se purifica.

Vinos heroicos y paisajes de leyenda

Para acompañar, la experiencia se completa con vinos de la D.O.P. Cangas, fruto de una viticultura heroica que desafía las pendientes del suroccidente asturiano. Carmen Martínez, de Bodegas Las Danzas, guía la cata con pasión contagiosa. El blanco Danza Prima Alvarín es fresco y mineral; el tinto, un multivarietal elegante, con notas de bosque húmedo que encajan de maravilla con el compango.

Mientras el vino corre y la conversación se alarga, la vista desde los ventanales recuerda que estamos comiendo en uno de los lugares más bellos del norte. Afuera, el puerto parece un cuadro: montañas, nubes, bosques y un silencio que sólo rompe el tintinear de las copas.

 

Un legado con sabor a hogar

Durante las jornadas, la Cofradía Gastronómica del Cocido Madrileño se ha desplazado hasta aquí para rendir tributo al plato y al maestro. No es un gesto simbólico, sino una declaración de principios: el cocido de Cosmen no entiende de fronteras, une Madrid y Asturias en un mismo cucharón.

Y lo mejor: esta experiencia cuesta 25 euros. Una cifra modesta para lo que en realidad se ofrece: una lección magistral de cocina tradicional, un viaje al corazón del sabor y una comida que se convierte, sin pretenderlo, en memoria.

Las V Jornadas del Cocido Madrileño se celebran del 18 al 27 de octubre de 2025 en el Restaurante Leitariegos, conocido con justicia como El Techo del Paraíso. Conviene reservar, porque las mesas vuelan.

Subir hasta Leitariegos para comer cocido puede parecer una excentricidad. Pero al probarlo, uno entiende que hay locuras que merecen la pena. Este plato no sólo alimenta: reconcilia con lo esencial. Con el fuego lento, el buen producto y el sabor de siempre.

Antonio Cosmen ha logrado algo casi imposible: que un cocido madrileño sepa a cielo asturiano. Y eso, amigos, no se olvida.

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